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Australia XIII: La Great Ocean Road (GOR) y sus esculturas rocosas, los Doce Apostoles

[18/09/2014]

Tras un día que no pudimos aprovechar demasiado (aunque visitamos una colonia de pingüinos ^_^) debido al traslado en avión de Sídney a Melbourne, se nos presentaban dos emocionantes días bordeando el océano y descubriendo impresionantes esculturas rocosas naturales.

Uno de los majestuosos Doce Apóstoles

 

Conducir por la izquierda… ¡junto a los acantilados! 😉

Tocaba día de madrugón, ya que a las 8:00 de la mañana debíamos recoger el coche de alquiler en la oficina de Hertz en el centro de la ciudad, el cual pudimos reservar gracias a la ayuda de Cairns Unlimited. Si no disponéis de coche hay una gran variedad de tours saliendo desde Melbourne que realizan más o menos el mismo recorrido que hicimos nosotros.

Una vez realizado todo el papeleo pertinente y con el GPS del móvil -pues compramos una tarjeta de datos prepago– en marcha nos dispusimos a adentrarnos en la jungla de la gran ciudad con nuestro flamante vehículo, un Toyota Auris (Corolla) que nos sorprendió gratamente por su bajo consumo. La verdad que en un primer momento uno se siente abrumado por todo, ciudad desconocida, conducir por el lado contrario (sí, en Australia se conduce por la izquierda), estar atento a todas las señales, pero en un par de minutos al volante uno ya se siente cómodo como si lo hubiera hecho toda la vida (aunque el pesado de mi copiloto insiste en que me salía del carril :-D).

Nuestro pequeño road trip en la Great Ocean Road

 

Vistas desde uno de los múltiples miradores de la Great Ocean Road

Salimos fácilmente de la ciudad y nos adentramos en la autopista, la forma más rápida de llegar al inicio de la Great Ocean Road (la gran carretera que bordea el océano, como su propio nombre indica). Aunque el GPS es una inestimable ayuda, la verdad es que ya en este punto hay multitud de carteles que indican el camino a seguir, pues se trata de un lugar muy visitado por los turistas.

El mirador de Devil’s Elbow

Nuestra primera parada fue en Anglesea para acercarnos al campo de golf a ver los canguros que andan sueltos por allí. Por lo que habíamos leído, antes se podía entrar dentro del campo para acercarse a los canguros, pero imagino que los dueños, hartos de tener intrusos paseando por sus instalaciones, lo vallaron, así que ahora sólo se pueden ver desde lejos, pero como está de camino bien vale la pena la paradita ^_^.

Canguros en el campo de golf de Anglesea

Desde aquí nos dirigimos al centro de visitante de Lorre. Está en la propia carretera y se ve muy fácilmente, para quien le pueda interesar también hay otro en Little River, pero sinceramente, si ya lleváis vuestros propios apuntes del viaje no hace mucha falta pararse, a no ser que sea para la parada de rigor de WC y merienda.

Ya en este punto comienzan las espectaculares vistas al océano, con múltiples miradores donde pararse a hacer fotos y disfrutar de las vistas de los acantilados. Aunque no sólo de acantilados está hecha la GOR; al ser nosotros de una isla, aunque nos encantaron las vistas costeras, estamos más acostumbrados, y por ello también nos llamaron mucho la atención las enormes extensiones de prados verdes, preciosos, donde te apetecería correr y estirarte sobre ellos.

Los prados nos llamaron mucho la atención ^_^

 

Maravilloso paisaje en la Great Ocean Road

Llegamos a Apollo Bay al mediodía, hora ideal, ya que es el mejor sitio de la carretera para pararse a comer gracias a su gran oferta de restauración. Nosotros entramos en un local de comida rápida que tenia un menú oferta de productos del mar para dos personas. ¡¿Para dos personas?! Al menos 5 habrían comido ahí jajaja, nos pusimos las botas hasta reventar y tuvimos comida de sobra para cenar (aunque debo reconocer que recalentado en el microondas no es lo mismo).

Con las barrigas bien llenas continuamos nuestra andadura dirigiéndonos al faro de Otway, o mejor dicho a la carretera que lleva el faro, porque lo que realmente buscábamos en esta zona son los múltiples koalas que buscan alojamiento en sus árboles. En un primer momento teníamos dudas de ver ninguno, pero al llegar allí nuestras dudas se disiparon al instante, justo debajo de los árboles donde están los koalas está lleno de coches parados jajaja. Así que, como todos los demás, paramos nuestro coche en el arcén y nos dispusimos a admirar y fotografiar a estos adorables animalitos.

Camino hacia el faro de Otway,
donde se encuentran lo koalas

 

Koala en el camino del faro de Otway

Cuando ya nos dolía el cuello de tanto mirar hacía arriba decidimos que era momento de continuar nuestro camino hacía nuestra última parada del día, los Doce Apóstoles, se trata de diversas formaciones rocosas que recomiendan ver tanto al anochecer como al amanecer. En este punto quisiera recordar que no se pueden conducir de noche los coches de alquiler, o más bien que las casas de alquiler no cubren cualquier golpe que se puede ocasionar al vehículo de noche, lo que por lo visto es bastante común debido a la variedad de animales sueltos.

Atardecer en los Doce Apóstoles

Los Doce Apóstoles recibe su nombre porque originariamente se trataba de doce formaciones rocosas, pero claro, se han formado a causa de la erosión del agua del mar, lo que supone que con el tiempo algunas desaparezcan o surjan algunas de nuevas, así que en realidad ya no son doce :-p.

Los Doce Apóstoles vistos desde el mirador

Indiferentemente del número que sean vale muchísimo la pena acercarse a verlas, como siempre, no hay ninguna pérdida, está super bien indicado, además de lleno de autobuses jejeje. Una vez aparcados hay un paseito con diferentes miradores para hacerse las fotos de rigor. Al acabar nos fuimos directos hacia el hotel, ya que el día empezaba a caer y no sabíamos si lo localizaríamos fácilmente.

En esta ocasión quisimos darnos un caprichito y relajarnos un poco del ajetreo del viaje, así que reservamos una habitación doble con bañera de hidromasaje en el Port Campbell Motor Inn. La verdad es que por la zona de Port Campbell hay una gran oferta hotelera y no fue difícil encontrar un alojamiento algo más romántico a un buen precio. Nos costó unos 95€ al cambio, pero el lugar es totalmente recomendable para desconectar de todo y relajarse. La habitación, que más bien es como una casita particular de madera, tiene una cama muy amplia, un baño grande con una bañera de hidromasaje donde cabrían al menos 5 personas, yo no llegaba al otro lado (aunque debo reconocer que yo soy pequeñita jeje), una cocina con todo lo necesario, microondas, y mesa con un par de sillas.

Nuestra habitación en el Port Campbell Motor Inn

 

Bañera de hidromasaje en nuestra habitación

El Port Campbell Motor Inn es muy fácil de localizar, por la misma carretera que se llega desde los Doce Apóstoles, una vez se ve el pueblo de Port Campbell, en vez de adentrarse en él se continua por la propia carretera (que sería la continuación de la GOR) y queda enseguida a la derecha. Además cuenta con unas amplias instalaciones, en las que hay aparcamiento gratuito para los clientes, piscina y zona de barbacoa.

Recargamos pilas, y no sólo las de ese día sino las de todo el viaje, en el hidromasaje, cenamos lo que nos había sobrado del mediodía (porque eso sí, en el pueblecito no había más que un par de restaurantes para cenar y cerraban sobre las 7 como tarde, así que ya nos fue bien tener comida), y a dormir para prepararnos para un nuevo día.

[19/09/2014]

De los Doce Apóstoles a Torquay, el pueblo de los surferos

La señora del hotel fue increíblemente amable y nos entregó un mapa indicándonos lo principal a ver por la zona, si bien algunas cosas ya las tenía apuntadas, había otras que no, además siempre va bien que te indiquen más concretamente por donde ir y el tiempo que invertirás. Así que nos levantamos pronto y, antes de hacer el check out, visitamos nuevos lugares bajo los primeros rayos del día.

Los tres sitios que visitamos se encuentran en la propia Great Ocean Road, siguiendo en la misma dirección que llevábamos el día anterior, y a una distancia de unos 15 o 20 minutos como máximo, uno del otro se encuentran muy cerca y están muy bien señalizados.

Nuestra primera parada fue en el Loch Ard Gorge, un lugar con una trágica historia. El Loch Ard salió de Inglaterra hacía Melbourne el 2 de marzo de 1878, el 1 de junio el buque ya se acercaba a su destino y tanto pasajeros como tripulantes esperaban ver tierra en cualquier momento por lo que celebraron con una gran cena de gala. Sin embargo esa noche una densa niebla los rodeó, impidiéndoles ver el faro de Otway y acercándose mucho más a la costa de lo que debieran. Cuando la niebla se disipó se encontraron entra grandes olas y peligrosos acantilados, acabando encallados en un arrecife, el barco se hundió en unos 15 minutos. Los únicos dos supervivientes del naufragio fueron Eva Carmichael, quien sobrevivió gracias a aferrarse a uno de los palos durante 5 horas, y Thomas R. Peace, un aprendiz que se subió al casco de uno de los botes salvavidas que estaba boca abajo. Tom fue el primero en llegar a tierra, pero cuando escuchó los gritos de Eva regresó para rescatarla, y se refugiaron aquí, en el Loch Ard Gorge, hasta que fueron rescatados. Bajando hasta la playa se puede ver la cueva donde buscaron refugio.

Loch Ard Gorge, donde se refugiaron los supervivientes del naufragio

Con el corazón encogido tras la trágica historia, nos dirigimos al London Arch, anteriormente llamado London Bridge por su parecido con el puente londinense pero que cambió de nombre debido al derrumbe de la parte superior del arco. Hay un pequeño paseo con diferentes miradores para poder verlo desde diferentes ángulos y realmente vale la pena ver las increíbles esculturas que el agua es capaz de modelar.

Antiguo London Bridge

 

Nuevo London Arch

Pero aún nos quedaba lo que para mi fue la mejor visita, The Grotto. Como si te adentraras en una película de fantasía, llegas a una pequeña gruta (como su propio nombre indica) donde el agua del mar que rebota con las olas queda alojada, creando un pequeño embalse natural en un paisaje idílico. Realmente hay que visitarlo porque no se puede describir con palabras la belleza de ese pequeño pero deslumbrante lugar.

Reflejo del cielo en The Grotto

Con el brillo de emoción en los ojos nos tocaba volver rápidamente hacia el hotel para realizar el check out en hora y continuar nuestro recorrido, no sin antes pararnos en una pequeña tienda de Port Campbell a comprar el desayuno y algo de provisiones. ¡Aviso! La tienda es bastante cara.

Volvimos a coger la GOR, esta vez en dirección contraria, para volvernos a parar en los Doce Apóstoles, si el día anterior los habíamos visto al anochecer, ahora los veríamos por la mañana temprano. Es bastante interesante hacer estas dos visitas sobretodo por el tema de las fotos, según haya un tipo de luz u otro y según donde está el sol saldrán mejor o peor ;).

Amanecer en los Doce Apóstoles

Y un poquito más adelante, es decir, ya lo habíamos visto el día anterior pero no habíamos tenido tiempo de pararnos, se encuentra Gibson Steps. Se trata de 86 escalones que bajan hasta la playa que se encuentra a los pies del acantilado. Aquí no pueden acceder las personas con movilidad reducida y, bueno, yo que estaba muy en baja forma también me costó un poco volver a subir. Pero por supuesto vale mucho la pena bajar y pasear por la arena, una pena que hiciera frío por que sino un bañito hubiera sido perfecto ^_^.

Los Doce Apóstoles vistos desde la playa de Gibson Steps

Desde aquí buscamos la forma más rápida de acceder a la autopista y nos dirigimos hacía el pueblo Torquay, parándonos al mediodía a comer en un conocido restaurante de comida rápida que encontramos por el camino, pero con mucha más sal de la que estamos acostumbrados. Ya en Australia en general nos dio la sensación que se pasaban con la sal, pero en este sitio es que ¡teníamos que limpiar las patatas con la servilleta para quitársela un poco!

Torquay es famoso por ser el lugar donde se encuentran las fábricas de las marcas más famosas de ropa y productos de surf, como Billabong, Quicksilver, Reef o Rip Curl entre otras, y por lo tanto sus tiendas tienen mejores precios. Íbamos con la intención, sobretodo Pere, de comprar algunas cosas interesantes, pero la verdad es que los descuentos no eran tan buenos como esperábamos.

Como, nuevamente, no queríamos que se nos hiciera de noche, una vez visitadas las tiendas volvimos a tomar la autopista rumbo a nuestro hotel de Melbourne, donde menos mal que llegamos pronto y aún quedaban sitios en el aparcamiento, ya que como expliqué en el post anterior, éste no es muy grande.

Y, a cenar en nuestro coqueto apartamento una suculenta cena del Coles, y a descansar, el día siguiente nos esperaba un «duro» día de compras de recuerdos 😉.