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Japón XI – Triste despedida de Japón en el Parque Yoyogi (¡con boda por sorpresa incluida!)


Y, después de la magia de Tokyo Disneyland, llegó el final del viaje, nuestro último día en Japón, aunque aún nos quedaban unas cuantas horas por delante y las aprovechamos visitando el Parque Yoyogi.

Celebración de una boda sintoista en el Meiji Jingu, dentro del parque yoyogi
Celebración de una boda sintoista en el Meiji Jingu, dentro del parque yoyogi

[22/10/2013]

Callejeando por Shinjuku terminamos en el santuario Hanazono

Iniciamos la jornada paseando por una callecita cercana a nuestro hotel que nos había llamado la atención durante los días anteriores. Es una calle estrecha y peatonal que seguramente pasa desapercibida para la mayoría de gente pero tiene un encanto especial, con sus farolillos en la entrada. Dicha callecita nos llevó al Hanazono Jinga, un santuario sintoísta en medio de Shinjuku, un exponente perfecto de la inclusión de lo tradicional dentro de la modernidad de una gran ciudad. El Hanazono Jingu es un templo pequeñito y además, desgraciadamente para nosotros, estaba en obras cuando lo visitamos así que al cabo de unos minutos volvimos a la calle principal para seguir nuestro camino.

Calle peatonal con farolillos tradicionales japoneses que lleva al Hanazono Jinga desde Yasukuni Dori
La entrada a la calle que lleva al Hanazono Jinga desde Yasukuni Dori
El santuario de Hanazono cuando no está en obras (foto de dominio público)
El santuario de Hanazono cuando no está en obras (foto de dominio público)

El parque Yoyogi y el santuario Meiji

A continuación nos dirigimos al Parque Yoyogi, un auténtico pulmón dentro de la ciudad de Tokyo, un gran parque verde que, además, guarda en su interior el santuario Meiji (Meiji Jingu). La entrada al parque se remarca con un gran Torii de madera de cedro (que también estaba en obras cuando lo visitamos).

El gran Torii situado en la entrada del Parque Yoyogi
El gran Torii situado en la entrada del Parque Yoyogi

En el interior del parque también nos encontramos con una pequeña exposición de bonsais en pleno montaje y una cosa que nos llamó mucho la atención: una gran cantidad de barriles de sake entregados a modo de ofrenda para el santuario Meiji.

Pequeña exposición del tradicional arte del bonsai en el Parque Yoyogi
Pequeña exposición del tradicional arte del bonsai en el Parque Yoyogi
Barriles y más barriles de sake, curiosa ofrenda en el Meiji Jingu
Barriles y más barriles de sake, curiosa ofrenda en el Meiji Jingu

Además, en el patio del santuario nos encontramos con una auténtica boda tradicional japonesa. Por lo que leímos posteriormente, la celebración de bodas sintoistas es una de las principales funciones del santuario.

Fuimos testigos, inesperadamente, de parte de la celebración de una boda sintoista
Fuimos testigos, inesperadamente, de parte de la celebración de una boda sintoista

Compras de recuerdos en nuestro último día en Tokyo y vuelta a casa

Cuando dimos por concluido nuestra visita al Parque Yoyogi, regresamos a Omotesando a comprar en Oriental Bazaar unos últimos recuerdos que nos faltaban. Además, también compramos un poquito de sake para regalar; habíamos leído que uno de los mejores lugares para comprar buen sake era Hasegawa Saketen, quienes cuentan con una tienda en Omotesando Hills, un centro comercial bastante pijito, como no podía ser de otra manera en esa zona. La verdad es que encontramos una gran variedad de sake a buen precio, y además hay botellitas más pequeñas que permiten un mejor transporte en la maleta, eso sí, empaquetándolas cuidadosamente ya que el riesgo de encontrarse un desastre al llegar a casa no es pequeño. En resumen, desde nuestro punto de vista, cualquiera de las tiendas de Hasegawa Saketen es una excelente opción para la compra de Sake en Japón.

Como se acercaba la hora de comer y comenzamos a tener hambre, se nos ocurrió comprar una hamburguesa en Lotteria y comérnosla sentados en la calle de la lujosa avenida… creo que nunca nos habían mirado tanto como ese día, debimos hacer algo tan horrible como lo de las zapatillas del hotel Yumotokan :p.

Después de eso nos dirigimos al templo de Asakusa en busca de un paraguas-katana en los souvenirs de los alrededores, encontramos tanto pequeños como grandes, el problema fue que el grande no nos cupo en la maleta y no nos dejaron embarcarlo en el avión :-/ así que tuvimos que dejarlo en el aeropuerto. Si os interesa este tipo de souvenir, aconsejo comprarlo en la zona de Kyoto porque había más modelos, eran más fáciles de encontrar (había paraguas-katana en muchas más tiendas que en Tokyo) y se vendían a mejor precio.

La puerta Kaminari-mon (en Asakusa) en plena restauración
La puerta Kaminari-mon (en Asakusa) en plena restauración

Se comenzaba a hacer tarde, así que regresamos al hotel para recoger las maletas y partimos camino al aeropuerto. En el vuelo de vuelta tuvimos que hacer el mismo cambio de aeropuerto en París que en nuestro viaje de ida, en este caso acompañados de unos compañeros del foro Los Viajeros con los que habíamos quedado anteriormente. Al igual que a la ida, no hubo ningún inconveniente, volviendo a casa a la hora prevista (sobre las tres de la tarde del 23 de octubre).

Así concluyó el descubrimiento de un gran país y de una gente excepcional. Inicialmente no tenía una predilección especial por Japón, pero tras visitarlo no tengo más que elogios, la amabilidad de su gente, la limpieza increíble, el cuquismo que impera por todo, si incluso su religión me atrae ^_^. Y es que sí, para mi ha sido uno de los mejores viajes, aunque un poco estropeado por los días que estuve malita 🙁 , menos mal que pudimos compensar con un segundo viaje al país 😉