Donde la oferta me lleve

Volvemos a Japón VI: Todo lo que hay que saber sobre el Hakone Free Pass

[6/03/2015]

Después del contacto con la naturaleza en nuestro pequeño road trip entre las cataratas Shiraito y Otodome y las cuevas del Hielo y del Viento, pasamos a un día con recorrido planificado, que nos dejó con un sabor agridulce, ahora descubriréis el porque.

Owakudani, en Hakone
Owakudani, el valle del infierno

 

Un tradicional desayuno japonés 😮

Nos levantamos con tiempo suficiente para poder disfrutar de un último baño en el paraíso de piedra y agua, esta vez bajo los primeros rayos del sol. Totalmente relajados bajamos a tomar nuestro suculento desayuno. ¿Suculento? Bueno, seguro que sí, pero nuestras costumbres occidentales no nos permitieron disfrutarlo mucho. Había cosas bastante buenas pero que no apetecen mucho a primera hora de la mañana, y otras que simplemente no nos acabaron de convencer, como el huevo crudo, bueno, pasado por agua, pero en la práctica es crudo. La verdad es que nos supo muy mal dejar tanto, pero es que entre que a primera hora no estamos acostumbrados a comer mucho ni según que sabores, y que teníamos un poco de prisa pues debíamos devolver el coche en el rent a car a primera hora, pues no lo aprovechamos adecuadamente. A ver si en el próximo viaje nos lo organizamos mejor 😉

Bañera de agua termal en la habitación
¿Veis a qué me refería con “paraíso de piedra y agua”? :-p

El “timo” del Hakone Free Pass

Como he comentado, salimos pronto del hotel para devolver el coche en el rent a car de Odawara, en la misma estación se puede comprar el Hakone Free Pass, ya que a partir de Odawara no te puedes desplazar con la JRpass. El pase cuesta 3900 yenes y te permite usar de forma indefinida todos los medios de transporte durante dos días: trenes, autobuses, teleféricos y crucero por el lago Ashi. ¡Oh! ¡Qué interesante!, estaréis pensando. Pues no, en realidad es un gran timo, primero porque nadie o casi nadie está dos días pero no hay pases de un día, segundo porque lo único que vale la pena, en mi opinión, es Owakudani (un enorme cráter en la cima de la montaña, resultante de su actividad volcánica), y tercero porque hasta aquí se puede ir directamente con coche pues tiene un gran parking habilitado, así que podríamos haber disfrutado más del hotel y después haber subido con nuestro coche alquilado, devolviéndolo un día más tarde, pero bueno, de todo se aprende.

Típico desayuno japonés, con múltiples platos
El festín que nos esperaba… a primera hora de la mañana

Para los que aún así estén interesados en adquirir el Hakone Free Pass, desde la estación de Odawara deberéis dirigidos hasta la estación de Hakone-Yumoto de la línea Odakyu y desde aquí tomar el Hakone Tozan Railway hasta Gora. Una vez allí, deberéis coger el funicular hasta el Sounzan, donde tomaréis el teleférico de Hakone (el último sale a las 16:15). El circuito del teleférico acaba en la estación-puerto de Togendai, en la parte norte del lago Ashi, que podréis atravesar (incluido en el pase antes mencionado) en un barco. Tras desembarcar, podréis tomar un bus que os llevará de nuevo a la estación de tren.

Vista desde el teleférico de Hakone
Vista desde el teleférico de Hakone

Los huevos negros de Hakone

En Owakudani, también llamado el valle del infierno, se pueden comprar los famosos huevos negros (kuro-tamago), huevos cocidos en sus aguas sulfurosas y por eso la cascara adquiere ese color negro. Sinceramente, tienen el mismo sabor que cualquier huevo hervido pero no pude evitar hacer la gracia y comprarme un paquetito de 6, de los que me sobraron 3 porque a Pere no le gustan y esto se pone malo bastante rápido así que nos lo llevamos a casa como recuerdo, pero cuál fue nuestra sorpresa cuando descubrimos que el color negro se va yendo como si fuera polvillo.

Huevo negro de Owakudani y la bolsa en la que lo venden
Los huevos negros de Owakudani

Allí arriba hacía un frío que pelaba, pero mucho frío, helado, con un fuerte viento. Pero aún así seguimos el caminito señalizado en el que durante unos 10 minutos vas pasando a través de los riachuelos de agua caliente observando los gases con olor a azufre que salen desde las grietas de la montaña, hasta llegar al lugar donde hierven los huevos y puedes observar todo el proceso.

Riachuelo de agua humeante en la subida a Owakudani
Riachuelo de agua humeante en la subida a Owakudani

La verdad es que así contado no parece gran cosa, pero es una experiencia totalmente recomendable, incluso me atrevería a decir que una de las más interesantes del viaje si no fuera porque el maldito palo selfie me estropeó el día lanzándome a mala idea la cámara contra el suelo. Sí, claro, estaréis pensando, esta tía está loca, pero no, en serio, yo tenía un palo selfie aposta para cámaras de foto compacta, estaba yo tan tranquila haciéndome fotos con los vapores volcánicos de fondo cuando, sin preaviso, el palo se giró, se rompió y lanzo la cámara al suelo donde pegó directamente con el objetivo. Afortunadamente la cámara no se rompió, pero tiene las pestañas que bailan y ni que decir que estéticamente da bastante pena ¬_¬

Pequeño depósito de agua sulfurosa
Pequeño depósito de agua sulfurosa

Crucero por el lago Ashi… ¿en un barco pirata?

Una vez realizada la visita y admiradas las fumarolas nos subimos en el teleférico de bajada, el cual como ya he comentado deja en el lado norte del lago Ashi donde, con el mismo precio del pase, montas en un barco que realiza un crucerito hasta la otra orilla, donde ya se coge el bus de vuelta. Esto inicialmente también nos hacía su gracia, pero cuando vimos el barco disfrazado de galeón pirata, con sus muñequitos y todo…. No sé, encontramos que no pegaba nada y que mejor hubiera sido dejarlo sobrio, sin nada, aunque debo reconocer que las vistas durante la navegación sí fueron realmente impresionantes.

Torii en la orilla del lago Ashi
Torii en la orilla del lago Ashi
Detalle del barco "pirata" con el se hace el mini-crucero en el lago Ashi
Detalle del barco “pirata” con el se hace el mini-crucero en el lago Ashi

Se supone que desde Owakudani, bajando en el teleférico o incluso desde la orilla del Lago Ashi, podríamos haber visto el Fuji si hubiera sido un día despejado, incluso dicen que es uno de los sitios desde donde mejor se ve, pero realmente nosotros no vimos nada, y por lo que he ido leyendo lo más habitual es no verlo.

 

Un paseo por Hakone y de vuelta a Tokio

Llegamos a la otra orilla, cogimos uno de los buses posibles, hay uno que lleva directamente a Odawara y otro que deja en Hakone y desde ahí coges un tren hasta Odawara (todo incluido en el Hakone Free Pass), nosotros cogimos esta segunda opción y así, como era pronto, paseamos un poco por Hakone antes de volver. La ciudad de Hakone no llama especialmente la atención, está llena de tiendecitas, como por todo, muchas ofrecen degustación, así puedes saber si te gusta aunque no sepas lo que estás comiendo.

Paseamos tranquilamente hasta que llegamos a un pequeño estanque de aguas termales, se me quedaron los ojos como platos cuando vi que era gratis, que está puesto para descansar los pies de los viajeros cansados ¿Cómo? ¡Pues los míos están muy cansados! No podía dejar pasar esa experiencia. Sí es cierto que Hakone se caracteriza por tener muchos onsen, lugares con aguas termales, pero lo normal no es que sean gratuitos. Disfruté de esa agua tan calentita, sobre todo después del frío que habíamos pasado, me relajé, junto con otro turista que también estaba a mi lado, Pere se dedicó a hacerme fotos, pero no pensé en lo más importante ¿con qué me seco los pies luego? Me dije: bueno, ya con el aire si eso jajaja pero una chica de la tienda de al lado salió con servilletas de papel para que me secara ¡si es que son tan atentos! ^_^

Tatiana en un lavapiés (ashiyu) de agua termal
Lavapiés (ashiyu) de agua termal, en plena calle y gratuito ^_^

Una vez montado el espectáculo, como siempre, nos dirigimos al tren para realizar la vuelta a Odawara y desde ahí hacia Tokyo, donde nuestro anfitrión muy amablemente nos había permitido dejar las maletas en su apartamento, a pesar de no tener la noche pasada reservada con él, ya que habíamos dormido en Hakone. Llegamos, nos duchamos y… ¡sí! salimos de compras, pero no hasta tarde que al día siguiente nos tocaba una interesante visita a Kamakura.