Como comenté en el post anterior, Islandia nos pareció un viaje interesante y diferente, sin tener que hacer un viaje demasiado largo.

[12/10/2019]
Donde dormir la primera noche
Día 12 de octubre tomamos un vuelo Palma- Madrid, donde por unas horas nos perdimos el desfile del día de la Hispanidad. No es que sea una gran fan de esta festividad pero siempre es interesante descubrir eventos típicos del lugar que visitamos. Y, aunque no pudimos ver el desfile en sí, sí el ambiente que se vivía a posteriori.
De Madrid tomamos otro vuelo, ahora ya sí, hasta Reikiavik, donde llegamos a las 23:55 h. La empresa de alquiler que habíamos contratado nos pasó a recoger por el aeropuerto y nos llevó hasta las oficinas, donde nos enseñó la que sería nuestra casa durante los próximos 10 días.

Eran altas horas de la noche y la campervan estaba aparcada en un descampado en medio de un polígono, así que pedimos amablemente si podíamos pasar allí mismo el resto de la noche. No hubo ningún problema, así que allí nos quedamos, sin tener que conducir de noche, cansados, por carreteras desconocidas.
[13/10/2019]
Un día en Reikiavik
A pocos minutos en coche (concretamente en Fitjar, 260 Reykjanesbær) hay un supermercado Bonus y un Kronan, dos de los supermercados más baratos, y este último abría a las 8:00h, así que nos dirigimos a hacer nuestra primera compra del viaje.
Justo al lado hay una cafetería, donde pudimos asearnos y desayunar tranquilamente.
En esta primera compra descubrimos que Islandia es un país aún más caro de lo que imaginábamos, así que nuestra alimentación iba a ser muy básica, sandwich y pasta principalmente. Además compramos un cubo, por si en algún momento teníamos necesidad de usar un baño pero no teníamos ninguno cerca, como ya dije, lo principal es ser respetuosos con el medio ambiente.

Ahora sí, una vez abastecidos, nos dirigimos a la ciudad de Reikiavik. Recomiendo el aparcamiento gratuito de la iglesia Hallgrimskirkja, hay mucho sitio y está a unos 10 minutos caminando del centro, como mucho.
Reikiavik es una ciudad pequeña, dimos un paseo por sus calles y sus callejones de casas típicas. Uno de sus lugares más destacados en el mercadillo de Kolaportid, abierto los sábados y domingos de 11 a 17 horas (calle Tryggvagötu, 19), como Carlos es muy aficionado a los mercadillos de segunda mano era una visita que no podía faltar. En el mercado podemos encontrar comida típica islandesa y los jerseis Lopapeysa, eso sí, los precios no son especialmente baratos.

Al salir tomamos un perrito caliente en Bæjarins Beztu Pylsur, considerado uno de los mejores puestos de perritos calientes de Europa. Se encuentra junto a la puerta del mercado, así que nos venía de paso, pero sinceramente me pareció un perrito muy normalito, bueno, pero sin nada especial. A diferencia de la hamburguesería de Nueva Zelanda, la cual sí me pareció, sino la mejor, sí una de las mejores del mundo.

A las 14:00 h teníamos reservado un free tour, ya he comentado en varias ocasiones que para mi es una de las mejores maneras de conocer una ciudad. El tour duró 2 horas y, a pesar de que la ciudad no tiene mucho que ofrecer, fue muy interesante, además de aportarnos mucha información sobre lo que íbamos a ir descubriendo en nuestra visita al país.

Al acabar dimos unas últimas vueltas por la ciudad, para hacer las fotos que nos faltaban y entramos en unas cuantas tiendas de souvenir para ver los objetos típicos del país, los ya mencionados jerseys lopapeysa, los puffin o joyas realizadas con material volcánico, por poner los ejemplos más representativos.

A lo largo de la ciudad hay varias fuentes de agua gratuitas, muy útiles en nuestro caso para llenar la garrafa de agua que venía con la furgoneta. Por supuesto el agua del grifo de Islandia es buena, pero había oído que tenía cierto regusto a azufre, sin embargo a mi no me lo pareció.

Volvimos a la campervan y dormirmos en un aparcamiento apartado dentro de la ciudad. Al día siguiente comenzaríamos a descubrir Islandia de verdad, comenzando por el círculo de oro.